miércoles, 12 de enero de 2011

La dirección de la cura y el ser del analista. Autor: Sergio Meza Ortiz

Introducción.

Este texto fue realizado en el marco del cartel de la Agrupación Psicoanalítica Lacaniana <>Sigmund Freud y de la lectura del texto La dirección de la cura de Jacques Lacan


Un breve recorrido por algunos conceptos propuestos por Heidegger, nos permite hacer el nexo con el texto “La Dirección de la Cura” de Lacan. Esto nos habilita para aproximarnos al tema a partir de dos ejes y decantar en algunas ideas de corte clínico, acerca de la dirección de la clínica y su devenir psicoanalítico.

1.- Carencia de ser.
Un primer eje es el de la definición del Ser y del hombre. Tanto en el discurso de Heidegger como en el discurso de Lacan su definición trae implícito un rechazo a la objetivación, especialmente a la objetivación psi. Para Heidegger la definición de hombre se sitúa en un Da-Sein (“ser/estar-ahí”). Esta definición del hombre como “ser en el mundo”, se caracteriza por una apertura que constituye la forma de su existencia. El término implica un espacio en blanco, un área por llenar. Ya que señala que para trabajar adecuadamente la pregunta del ser, debemos hacer que un ser, el indagador, sea transparente en su propio ser. En este sentido, a este ser que cada uno de nosotros es en sí mismo, y que incluye el preguntar como una de las posibilidades de su ser, lo denomina con el término de Dasein. Y como el Dasein es una entidad que, como ser en el mundo, constituye un problema para sí mismo, en este proceso la función y rango del lenguaje es fundamental.

Para Lacan la carencia de ser se relaciona con la articulación significante y lo que estructura al deseo. Esta “falta en ser”, promueve la existencia del sujeto en el campo del significante. Lacan señala, “el deseo es lo que se manifiesta en el intervalo que cava la demanda, más acá de ella misma, en la medida que el sujeto, al articular la cadena significante, trae a la luz la carencia de ser con el llamado a recibir el complemento del Otro, sí el Otro, lugar de la palabra, es también lugar de esa carencia” (La Dirección de la Cura, 1955)

Es así como, la obra de Lacan, implica toda una reflexión sobre la experiencia psicoanalítica; la cual, asumiendo las paradojas y antinomias del sujeto, sus avatares con la imposibilidad de la relación sexual (en un sentido lógico de armonía y saber total del uno para el otro), sus problemas con la lógica del yo, de su existencia unificada por algún sentido; pretende realizar un tipo de escucha distinta, la escucha analítica, desde un lugar comprometido con lo que es propio del ser parlante. Este nexo entre sujeto y lenguaje había sido señalado en muchas oportunidades por la tradición filosófica. Sin embargo, estas teorías han fallado en su intento de una explicación unitaria: la identidad entre pensar y ser (Descartes); la esperanza de un código perfecto que de cuenta de la naturaleza (discurso científico); la Aufhebung histórica hegeliana; la teoría de la comunicación total, la programación neurolinguística, etc.

Una excepción en esta tradición es el pensamiento de Heidegger, cuando, después de la Carta sobre el humanismo (1946), concibe el lenguaje como morada del ser, pero de un ser que no asiste constantemente, un ser con una dimensión de nada. Este olvido, que había sido señalado por Nietzsche, Heidegger lo retoma señalando que está en el origen de la filosofía presocrática. Al señalar estas ideas fundamentales, el autor de Ser y Tiempo (1927) entrega importantes aportes al desarrollo del pensamiento lacaniano.

Sobre la carencia de ser, podemos señalar, siguiendo a Heidegger, que: existir es ser un ser incumplido. La existencia siempre será carente y abierta a sus posibilidades. Sólo la muerte la clausura y finaliza. Pero como ya lo habían señalado estoicos y epicúreos, cuando la muerte sea, el hombre -el existente- no será. El hombre, el existente, no puede lograr la "perfección" de la piedra. No hay para el hombre un límite, un "ya no más". El hombre por siempre es posibilidad, carencia, deficiencia. No puede ser un todo acabado ni en la muerte, ya que en la muerte ya no existe. La muerte es "sin posibilidad" (Vicente Fatone, Introducción al existencialismo).

Es así como hay una trayectoria en Heidegger que va desde el desocultamiento del ente griego, en la primera etapa de su pensamiento (Sein und Zeit) hasta el desocultamiento técnico-científico, en la última etapa de su obra (Serenidad). Es aquí, donde se pregunta sobre el objeto tecnológico sin caer en sus requerimientos, en su inercia seductora. En este marco del emplazamiento heideggeriano, también podemos situar la dimensión pulsional del objeto técnico moderno. Por ejemplo, para Marx, la mercancía era un medio de satisfacción de las necesidades (El Capital). Para Freud, por el contrario, lo que llamamos necesidad siempre estará perturbado por la dimensión del lenguaje, buscando la satisfacción de la pulsión. En este sentido, el objeto técnico del sistema capitalista, cualquiera sea, se convierte, desde la perspectiva lacaniana, en un fantasma que promete colmar la división subjetiva, y su inercia sobrevive a cualquier adoctrinamiento ideológico. De ahí su fuerza como ideal cultural en occidente como lo señaló Althusser, al analizar la estructura alienante de los objetos tecnológicos y el aparato ideológico del Estado capitalista.

2.- La Dirección de la Cura.
Un segundo eje es el del método. El cual involucra una manera de ver la relación recíproca de la ciencia con la verdad. La técnica y la dirección que ha tomado el mundo.

Para Lacan, es en la carencia como expresión de la falla en terapia, donde se reconoce al sujeto y las formaciones del inconsciente, es decir, en los lapsus, los actos fallidos, los síntomas, los sueños, la transferencia, etc. Es allí donde se expresa el sujeto. Podemos conjeturar que, en este punto, el psicoanálisis tiene a su favor algo que les falta a los filósofos, el contacto con la experiencia psicoanalítica. Esa escucha donde el sujeto se muestra roto, incompleto, mentiroso, paradójico, vacío, incongruente. Donde todos los discursos bellos de las explicaciones lógicas ya no funcionan.

Desde la perspectiva lacaniana, el acto analítico desembocaría – ya que es de la dimensión del decir- con el advenir del sujeto desembarazado de sus objetos imaginarios, por la vía de la palabra en la transferencia. Este momento, casi mítico, lo podemos formular con Freud: "donde ello era el sujeto debe advenir". Lectura opuesta al proyecto de la Psicología del Yo, que asume la existencia de un yo unificado, una “personalidad” que habría que “fortalecer”. Esta forclusión del sujeto, implica su muerte, pues se transforma en yo cosificado, un ente objeto de su ciencia. Y despliegan una técnica terapéutica transformada en una cura estándar, con pasos preestablecidos, que brinda un bienestar basado en la adaptación social.

Como señalamos, este advenir como sujeto es la orientación, el sentido, la dirección que debe tener una cura lacaniana. El sujeto aparece, se produce como cura. En este punto, Lacan nuevamente se encuentra con Martín Heidegger. Ya que ser en el mundo de la palabra, siguiendo el movimiento del deseo es ser de deseo, ser sujeto de deseo. Ese es el ser que adviene como cura. La existencia misma del sujeto sujetado a la falta, al deseo, es la cura. La existencia como sujeto es advenir como cura. Entonces, la práctica analítica se puede definir como parte de este proceso.

Este proceso se asemeja al modo griego de dejar que lo oculto aparezca presentándose, (noción de verdad como aletheia o desocultamiento propia de la filosofía heideggeriana). Aunque no es ni lo uno ni lo otro, pues no solamente desgarra la consistencia fantasmática de la realidad resultante del emplazamiento, sino que, como señalabamos al comienzo, destruye también a la suposición del ser como asistencia constante, presente ya en el pensamiento griego y raíz misma de todo desvío filosófico. En este sentido, como lo que se desoculta en psicoanálisis tiene como medio la palabra y es del orden del decir, tiene entonces la ocasión de darle a eso que aparece, a lo esencial del ser, un tratamiento distinto. No supera ni sintetiza a las metafilosofías ni a la ciencia. Es simplemente otro camino. Pero esta situación del psicoanálisis dentro de los dispositivos de la época moderna, tecnológica, no debe impedir que sea una apertura a una experiencia con otra verdad, quizás más originaria, diferente de la verdad concebida bajo los ideales de la ciencia y la técnica.

Algunas ideas finales…
Este sujeto como advenir, como algo que se produce. Proceso que necesita de ciertas producciones del inconsciente, ciertos cambios topológicos, que permitan esta producción del sujeto. De otro modo, se llega al camino corto. Por ejemplo, las curas fantásticas, que en pocas sesiones “desaparecen” los síntomas; o presentan un camino de modelaje en la personalidad del analista, como ideal a seguir, lo cual hace recordar al súperhombre de Nietzsche, súper hombre como puro superyó.

Lacan señala que no hay garantías para la cura psicoanalítica. Por tanto, no puede existir un psicoanálisis estándar. De allí, la necesidad de considerar la ética de la cura. El trabajo de un análisis, la experiencia de un análisis, es esa práctica para llegar a ese advenir como sujeto, producir algo nuevo, un lugar de falta para dar lugar a una causa, a una experiencia de nominación con los nombres que más signifiquen a ese sujeto para otro significante, que puedan producirlo como sujeto de deseo.

Entonces, se escucha y se lee en lo que alguien dice para el Otro, se lee y se dice una nueva interpretación. La cura se da por añadidura. El advenir como cura se da por añadidura. Y este advenir, podemos plantearlo como el trayecto entre el síntoma como formación de compromiso con el Otro al sinthoma como padre del nombre del sujeto. El sinthoma como lo que nombra al sujeto. El sinthoma tiene así una presentación que es su interpretación errada y una interpretación, lectura del discurso del psicoanálisis donde el advenir es un hacer algo con ese síntoma, donde nuevamente es interesante seguir con Lacan la formulación de Heidegger: "Uno es aquello de lo que se cura".

Ahora bien, finalmente nos interesa señalar que el tema que hemos estado trabajando tiene que ver con una de las características de la sociedad moderna, es decir, el tema de la técnica como algo dado. En este sentido, el sociólogo Ulrich Beck (1998), ha señalado que la técnica ha dado nacimiento a la “sociedad del riesgo”. Ya que cuando alguien se desplaza a caballo, todo depende de su propia habilidad y de su conocimiento del animal en cuestión, pero cuando en la actualidad cuando se toma un avión, su seguridad está fuera de cada uno, puesto que la vida depende de una red de sistemas complejos, en los cuales se debe confiar a priori. Es interesante considerar que esta urgencia por la técnica parece ser un requisito de la época, narrando una anécdota. El día miércoles 18 de noviembre de 1953, Lacan procedía a la inauguración –en el Hospital de Sainte Anne- de su Seminario. Y lo hace con la pregunta por la técnica psicoanalítica. Lo interesante de señalar, es que ese mismo día, en Munich, Martín Heidegger pronunciaba una conferencia, la cual se ha conocido como La pregunta por la técnica. Es difícil creer que haya sido obra del azar, parece ser más bien que se trata de una idea fuerza que atraviesa el pensamiento y las preocupaciones de estos pensadores y sus contemporáneos.

Como se ha señalado, parecen ser síntomas de nuestra época los ideales de funcionamiento técnico competente, la productividad, el rendimiento y la industrialización del trabajo, con la consecuencia de que los criterios de la acción instrumental han teñido todos los ámbitos del mundo de la vida. Es decir, el ideal de nuestra época ha sido reducido a un modelo de funcionamiento organizacional productivo signado por las 3E (eficaz, eficiente y efectivo). Y las psicoterapias no son una excepción a esta mentalidad dominante, ya que conocen las exigencias del discurso social de ser productivo y ofrecen una respuesta a su manera. Lo que deberíamos preguntarnos es, son 3E, ¿por qué?; ¿para qué?; y, ¿para quiénes? Otra pregunta que cabe hacerse aquí es, ¿se benefici0801an de igual modo los sujetos cualquiera sean las ideas teóricas y técnicas de sus terapeutas?

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Peskín, Leonardo (2003) Los orígenes del sujeto y su lugar en la clínica psicoanalítica.
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